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¿Usarán los BRICS las criptomonedas para impulsar la desdolarización?

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El debate global sobre la desdolarización y la búsqueda de una arquitectura financiera internacional alternativa ha colocado al bloque de naciones emergentes en el centro de la narrativa económica contemporánea.

En este contexto, abundan las especulaciones sobre la supuesta adopción de activos digitales descentralizados como la herramienta definitiva para evadir sanciones, agilizar el comercio transfronterizo y desafiar la hegemonía de las monedas de reserva tradicionales.

Sin embargo, al analizar detenidamente las dinámicas estructurales de estas economías, las prioridades políticas de sus gobiernos y la naturaleza misma de los libros contables distribuidos y públicos, queda en evidencia una contradicción fundamental.

Los pilares de las redes descentralizadas chocan de frente con los objetivos de control estatal, soberanía monetaria y estabilidad macroeconómica que persiguen estas potencias, convirtiendo la idea de una adopción cripto generalizada en un mito técnico y político.

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La paradoja de la soberanía monetaria y el control de capitales

El primer y más formidable obstáculo para la integración de activos digitales en el comercio interbloque radica en la pérdida de control sobre la política monetaria. Las naciones que componen este foro económico basan gran parte de su estabilidad en la capacidad de sus bancos centrales para intervenir en los mercados, fijar tasas de interés y regular el flujo de divisas que entra y sale de sus fronteras.

Un activo descentralizado, por definición, opera fuera del alcance de cualquier autoridad regulatoria centralizada.

Permitir que el comercio internacional a gran escala se liquide en un activo cuyo suministro, emisión y gobernanza están determinados por algoritmos globales y validadores independientes significaría, para estos gobiernos, ceder su soberanía financiera.

Esto es especialmente crítico en economías que dependen de estrictos controles de capital para evitar la fuga de divisas y proteger el valor de sus monedas nacionales. La adopción de un sistema financiero abierto facilitaría la evasión de las normativas domésticas que sostienen sus economías.

Ninguno de estos Estados, caracterizados históricamente por un fuerte dirigismo económico, aceptaría reemplazar la dependencia de una moneda extranjera por la dependencia de un protocolo matemático descentralizado que no pueden controlar ni manipular según sus necesidades macroeconómicas.

Volatilidad estructural vs. previsibilidad comercial

El comercio internacional requiere certidumbre, previsibilidad y márgenes de ganancia calculables. Los contratos de suministro a largo plazo de materias primas, energía y bienes manufacturados exigen una unidad de cuenta estable.

Los activos digitales descentralizados sufren de una volatilidad de precios inherente, debido a que su valor está determinado estrictamente por la oferta y la demanda del mercado global, careciendo de mecanismos de estabilización institucional.

Para una corporación estatal o una empresa exportadora, fijar el precio de millones de toneladas de productos básicos en un activo que puede perder o ganar un porcentaje de dos dígitos de su valor en cuestión de horas es operativamente inviable.

La cobertura contra este riesgo cambiario en los mercados de derivados financieros tradicionales anularía cualquier supuesta ventaja de costo o velocidad que ofrezca la tecnología subyacente.

El comercio entre estas naciones no busca una herramienta de especulación financiera, sino canales de liquidación sólidos, predecibles y de bajo riesgo; características que la infraestructura descentralizada pública actual no puede garantizar a escala macroeconómica.

El desafío de la escalabilidad y la infraestructura técnica

A menudo se pasa por alto la inmensa brecha que existe entre procesar transacciones individuales en redes abiertas y gestionar el volumen del comercio global.

Las redes descentralizadas públicas operan bajo un trilema técnico bien conocido: es extremadamente difícil lograr descentralización, seguridad y escalabilidad al mismo tiempo.

Las velocidades de procesamiento y los tiempos de liquidación de las cadenas de bloques públicas más seguras son órdenes de magnitud inferiores a los de los sistemas de compensación bancaria tradicionales.

Si bien existen soluciones de segunda capa y protocolos diseñados para aumentar el rendimiento de las transacciones, estas capas añaden complejidad técnica, riesgos de seguridad en los contratos inteligentes y costos de liquidez significativos.

Para que un sistema de pagos alternativo sea viable para este bloque de naciones, debe ser capaz de procesar miles de transacciones complejas por segundo, con finalidad inmediata y sin congestiones que disparen las tarifas de red.

Depender de una infraestructura pública global expone al comercio estratégico a cuellos de botella técnicos ajenos al control de los Estados participantes.

Cumplimiento regulatorio, transparencia e intercesión internacional

Uno de los argumentos más repetidos a favor del uso de redes descentralizadas en la geopolítica actual es su supuesta resistencia a la censura y la capacidad de operar al margen del sistema financiero occidental.

Sin embargo, esta premisa ignora la creciente sofisticación de las herramientas de análisis de datos en cadenas de bloques públicas y las presiones regulatorias globales.

Las transacciones en un registro público son permanentes y visibles para cualquiera. Esto significa que las agencias de inteligencia financiera de cualquier país pueden rastrear el flujo de fondos con una precisión matemática sin precedentes.

Un intento de utilizar estas redes para evadir sanciones a gran escala dejaría un rastro imborrable y fácilmente auditable, lo que expondría a los socios comerciales de estas naciones a sanciones secundarias devastadoras.

Además, los principales nodos de validación y la infraestructura minera de muchas redes abiertas operan en jurisdicciones globales sujetas a leyes de cumplimiento estricto. Esto significa que el riesgo de congelación de fondos o censura de transacciones a nivel de protocolo sigue siendo una amenaza real.

El verdadero camino: centralización digital y redes privadas

Habiendo descartado la viabilidad de los activos descentralizados, es fundamental comprender hacia dónde se dirige realmente la estrategia digital del bloque.

La alternativa elegida no es la descentralización, sino la digitalización soberana a través de monedas digitales de bancos centrales (CBDC) y plataformas de liquidación con permisos.

Estas tecnologías permiten a los gobiernos aprovechar la eficiencia de la criptografía y los registros distribuidos para eliminar intermediarios internacionales y acelerar las transacciones, pero manteniendo un control absoluto sobre el sistema.

En estas redes privadas o permisionadas:

  • El acceso está estrictamente restringido a bancos centrales e instituciones financieras autorizadas.
  • La gobernanza y las reglas del sistema son dictadas por los Estados miembros de mutuo acuerdo.
  • Se elimina la volatilidad al respaldar el valor directamente con monedas nacionales o canastas de activos físicos.
  • La privacidad de los datos comerciales se protege frente a la vigilancia de terceros países, a diferencia de lo que ocurre con los registros públicos.

Este enfoque híbrido resuelve los problemas de velocidad y costos de las transferencias transfronterizas sin abrir la puerta a los riesgos de desregulación financiera, anonimato y pérdida de control que conllevan los activos públicos.

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Hacia un ajuste de expectativas geopolíticas

La narrativa que posiciona a las criptomonedas descentralizadas como la punta de lanza de la estrategia financiera del bloque responde más al entusiasmo ideológico de los defensores de la tecnología que a la realidad práctica de la alta política estatal.

Los gobiernos de las economías emergentes no buscan demoler el concepto de autoridad centralizada; por el contrario, buscan consolidar su propia autoridad financiera frente a las estructuras tradicionales.

El futuro del comercio dentro de este bloque de naciones será innegablemente digital, pero estará profundamente centralizado, controlado y regulado.

La tecnología de registros distribuidos se utilizará como una herramienta para optimizar la soberanía de los Estados, no para diluirla.

Los analistas e inversores del sector deben aprender a separar el ruido mediático de las realidades geopolíticas: en el tablero de las potencias globales, las soluciones abiertas e ingobernables no tienen cabida.