Casi dieciocho años después de su concepción, aún se desconoce quién fue el creador de Bitcoin. El firmante del documento que alumbró la criptomoneda, Satoshi Nakamoto, es un nombre sin nombre. Es decir, sin referencia a una persona concreta. Al parecer, pues no hay Satoshi Nakamoto que haya reivindicado la paternidad de Bitcoin, un seudónimo. Y con ello tal vez no sólo se puso en marcha la tecnología blockchain sino la cultura de lo pseudo.
Se abrió una cultura de la conjetura permanente. Una cultura en que hasta las identidades parecen inciertas. Con la paradoja que lo hace relacionado con una tecnología destinada a dar seguridad. Seguridad en las transacciones, en lo que se tiene, sobre el momento exacto en el que se encuentran los procesos. Se da seguridad a todo, con la excepción de quién fue el que formuló esta tecnología de la seguridad del todo.
Principales sospechosos
Las conjeturas sobre los principales sospechosos de encontrarse tras el seudónimo son muchos. Adam Back, actual CEO de Blockctream, encabeza una de las listas más recientes de sospechosos. El criptógrafo británico ha sido especialmente señalado como Nakamoto hace unos días por The New York Times. Él lo ha negado; pero es uno de los que más indicios acumula, basándose principalmente en el análisis de su estilo de escritura y comportamiento online. Además de tener el conocimiento necesario, inventó Hashcash, un sistema que Bitcoin utiliza como base para su proof of work (prueba de trabajo), y fue directamente citado en el whitepaper de Bitcoin.
El programador y criptógrafo estadounidense Hal Finney fue la primea persona en recibir una transacción de Bitcoin emitida por Nakamoto. Falleció en 2014, tras haber negado ser el propio Nakamoto. Aquí los indicios son de variado tipo, además de ser ese primer receptor. Por un lado, su experiencia criptográfica, su proximidad al proyecto desde el principio y ser miembro activo del movimiento cypherpunk.
Un señor llamado Dorian Nakamoto
Por otro lado, era vecino de un señor llamado Dorian Nakamoto. Desde luego, esto último no puede considerarse una prueba definitiva, pero parece mucha casualidad, y es como si dijera algo parecido a: buscadme, es fácil, y me encontraréis. Para añadir picante a este rastro, hay que señalar que el verdadero nombre de Dorian Nakamoto es Satoshi Nakamoto, ingeniero informático de profesión.
Esto ha llevado a pensar que podría ser incluso el propio Satoshi Nakamoto creador del Bitcoin. Que alguien denominado Satoshi Nakamoto sea Satoshi Nakamoto tiene bastante peso desde el sentido común. Pero ha de reconocerse que no aparece entre los principales sospechosos y, sobre todo, que el seudónimo dejaría de ser seudónimo. Ahora bien, a veces la mejor forma de ocultar algo es mostrándolo, haciéndolo evidente.
Otro de los habituales en la lista de sospechosos de ser Nakamoto es Nick Szabo, también criptógrafo y creador de Bit Gold, moneda digital precursora de Bitcoin. Sus enfoques sobre el dinero digital es también otra prueba para atribuirle el contenido del seudónimo. Ahora bien, como los anteriores, ha negado ser Satoshi.
Los que no han negado ser Satoshi
No todos han negado ser Satoshi. Incluso ha habido alguno que ha reclamado serlo de una manera vehemente y reiterativa. Es el caso del informático australiano Craig Steven Wright. Sin embargo, ha perdido varias batallas legales en pos de tal reivindicación, siendo acusado de presentar documentos falsos y presentar pruebas técnicas escasamente refrendadas por los expertos. En todo caso, el principal problema de credibilidad lo ha tenido en la propia comunidad cripto. Y es que el propio hecho de la reclamación de la paternidad de Bitcoin parece atentar contra la cultura cripto, que ha hecho de la no identidad nominativa del creador de la criptomoneda una de sus señas de identidad. Otra paradoja: la no identidad es lo que nos identifica. Por ello, quien reclama la identidad de Nakamoto difícilmente es aceptado en esa comunidad.
La lista de sospechosos sigue. Len Sassaman, criptógrafo cypherpunk fallecido en 2011, cuyo trabajo en redes y criptografía coincidía en tiempo con la desaparición de Satoshi Nakamoto. Wei Dai, ingeniero informático conocido por crear «b-money», otro precursor de Bitcoin, citado en el libro blanco de Satoshi. Incluso se baraja la posibilidad de que lo que se está cubriendo con el seudónimo es una paternidad compartida por varios. Un varios que admite distintas combinaciones: Szabo y Finney, Finney y Back, etc.
En 2010
El argumento de la paternidad compartida es uno de los más potentes. Se evita así el problema de quién se pone el primero como autor. Un problema frecuente en la firma de publicaciones, especialmente científicas, aunque también de otro tipo. Utilizar un seudónimo para salvar un problema de autoría entre criptógrafos. De haber sido así, se ha mantenido fielmente el compromiso original. Sin embargo, esta hipótesis tropieza con la falta de pruebas de coordinación grupal y la coherencia de estilo del código inicial, más fácilmente atribuible a la autoría de una sola persona.
Hasta ha circulado que pudiera tratarse de un colectivo más amplio. Incluso se ha llegado a conjeturar que Satoshi es la CIA, organización de espías dispuesta a reclamar, siempre de forma difusa e indirecta, el protagonismo de los acontecimientos más importantes de la historia de los últimos cincuenta años. No hay conspiración que se precie que no tenga a la CIA como referencia. Eso sí, de ser ciertas todas estaríamos ante una de las organizaciones más productivas.
¿Por qué no se ha sabido la identidad del creador -o creadores- de Bitcoin tras tantos años? Desde el inicio, Satoshi tomó medidas cuidadosas para ocultar su identidad: usó correos electrónicos cifrados, redes anónimas y nunca reveló datos personales verificables.
Además, Satoshi dejó de comunicarse públicamente alrededor de 2010. Desde entonces no ha habido confirmaciones verificables. Esto no parece accidental, sino una decisión consciente alineada con la filosofía de Bitcoin: eliminar intermediarios y figuras centrales. Con el seudónimo anónimo de su creador se genera la imagen de que Bitcoin no pertenece a nadie. El pseudónimo anónimo es una declaración filosófica y política.
Aparecen también razones que pueden considerarse más de orden pragmático, que filosóficas o de identidad comunitaria. Se trataría de evitar la exposición del creador a potenciales persecuciones legales en distintos países o, al menos, de eludir presiones gubernamentales. Hay que tener en cuenta que Bitcoin desafía regulaciones estatales y frontalmente a los sistemas financieros tradicionales.
Cultura la de lo pseudo
En este mismo orden pragmático, no puede dejarse a un lado el hecho de que el Satoshi creador de Bitcoin dispone de una cantidad relevante de bitcoins. Se estima que posee alrededor de un millón de BTC que, eso sí, nunca se han movido. Si se hiciera pública su identidad, correría riesgos físicos, como secuestros o extorsión. En el anonimato, renuncia a la fama en favor de la tranquilidad. Hasta renuncia a esta poco despreciable cantidad de dinero, ya que el movimiento de fondos podría delatarle.
Más allá de la argumentación técnica, filosófica, cultural, política o pragmática, el seudónimo Satoshi Nakamoto es la condensación de nuestra cultura. Seudónimo es un término que procede del griego pseudónimos. ¿Y no es nuestra cultura la de lo pseudo? Pseudomedios, pseudointelectuales, pseudoteorías, pseudoterapias, pseudociencia… ¿No es nuestra cultura de lo pseudo una pseudocultura? Una cultura de lo pseudo, de seudónimos, en las que las identidades parecen diluirse, hacerse líquidas. Una cultura protagonizada por lo psedudo que parece una pseudocultura.
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